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La comunicación es la clave


Paul Watzlawick, desarrolló una
Teoría de la Comunicación Humana, donde se describen distintos principios que aplican a la comunicación. Tres de ellos, explicados en forma sencilla, son:

  • Todo comunica. Es imposible no comunicar. Aunque nos quedemos sentados en medio de todo, cruzados de brazos y con los labios bien cerrados, de alguna manera esto comunica una postura que tenemos.


  • Nos comunicamos a través de dos canales, el digital (las palabras) y el analógico (las señas, posturas del cuerpo, tono de voz, etc.). Es bien sabido que los niños pequeños y los animales no entienden el lenguaje verbal (digital), pero responden al lenguaje no verbal (analógico). Es importante esta combinación porque las expresiones no verbales generalmente completan aquello que dicho sólo con palabras no se entendería en su justo alcance.


  • Aquello que comunicamos no sólo tiene qué ver con nuestro mensaje, sino que muestra quién es quien en la comunicación. Por ejemplo, un niño respondón quizá tiene la razón en algo, sin embargo sus padres dudarán un poco en concedérsela, no porque no tenga la razón, sino porque ello implica que él los domina de alguna manera.


¿Cómo se relaciona esto con nuestro tema?

De muchas maneras. Todo ocurre a través de la comunicación. Las pistas de lo que está pasando se pueden conocer en la comunicación. El enganchamiento del adepto tiene mucho que ver con la comunicación. Su salida del grupo también. Sólo puede ayudarse si hay una comunicación adecuada. En la comunicación se tejen las relaciones, en la comunicación se rompen. En los problemas con sectas casi todo es una cadena de malos entendidos, manipulación de la comunicación y malinterpretación de los roles. La comunicación es el centro de todo.

Y dado que es el centro de todo, creemos que un buen principio es hablar de ella. No pretendemos distraernos con una explicación extensa de la Teoría de Comunicación Humana de Watzlawick, mejor narraremos una historia para que, a través de ella, se vea la importancia de lo que estamos diciendo. En cualquier caso, si como terapeuta deseas repasar el contenido de la teoría de la Comunicación Humana, o como público en general deseas conocerlo, puedes descargar gratis un resumen explicativo que hemos hecho pulsando
aquí. Pasemos entonces a la historia que queríamos contar.



Supongamos que un familiar nuestro, a quien llamaremos Antonio, ha sido abordado por una secta destructiva que se promociona a sí misma como un grupo de estudio bíblico.

Imaginemos que Antonio ha asistido ya a seis reuniones, pero no le cuenta nada a la familia porque sabe que la familia tiene bien definido desde hace generaciones la religión que ahí se sigue. Algo le dice que debe ser cauto al respecto porque, después de todo, mucho del llamado estudio bíblico consiste en refutar y renegar de las enseñanzas de las religiones comunes, para rematar, este nuevo grupo es el que tiene el “entendimiento” auténtico de la Biblia.

Que está asistiendo a ese grupo es algo que Antonio no nos lo dice con palabras, pero nos lo dice de muy distintas maneras. Recordemos que todo comunica.

Antonio se encierra en su cuarto siendo que antes no lo hacía. Ha perdido interés por los noticieros y ya no pone la música de rock que antes ponía a todas horas. Se le ve leer la Biblia (misma que ahora parece cargar para todos lados) siendo que antes no la leía. Se le nota disperso durante la oración para bendecir los alimentos que tradicionalmente se hace antes de comer. Pareciera que para sus adentros él recita su propia oración. Se le mira balbucear algo cuando todos terminan su oración con un “Amén”. Su hermana lo nota, ya no dice amén, sino “Gloria a Dios”.

Un buen día le toca decir a él la oración de la comida y recita una plegaria que suena acartonada, con un sonsonete que no tenía antes, su español ya suena un tanto aportuguesado, o similar al español que hablan en Miami, la oración suena ahora cuando menos distinta a como siempre lo hacía cuando le tocaba esa parte.

Todo comunica. Es imposible para Antonio ocultar que algo pasa. Nos lo dice por el canal digital (las palabras) al hacer ese pequeño cambio de decir “Gloria a Dios” en vez de “Amén”; nos lo dice mediante el canal analógico (señas, acento, posturas, ademanes, gesto corporal, miradas) al cargar su Biblia para todas partes, al mostrarse huraño durante las oraciones de la comida evitando santiguarse o hacer el signo que sea que se usara en la religión familiar, nos lo dice al evitar los noticieros y al no escuchar sus discos.

La hermana le dice un buen día: “Ya déjate de cosas, bendice los alimentos como se debe”. Antonio se enfada y le contesta: “Déjame a mí agradecer los alimentos en la manera que yo desee ¿Quieres?”. La hermana le quiere contestar pero la Mamá interviene diciéndole: “Deja a tu hermano en paz”.

Esta discusión no sólo tiene qué ver con la oración, sino que muestra quién es quien en la comunicación. La hermana deja en claro que no le gusta que su hermano se haga el diferente. Antonio al defenderse establece una barrera, como si le dijera a la familia que él ya es distinto, que desea que se respete su nueva forma de hacer las cosas. Andar con la Biblia a todas partes le hace lucir más comprometido con la palabra de Dios. No santiguarse deja patente que tal vez él ya no cree en eso, o incluso a través de ese pequeño cambio está combatiendo lo que en la secta le ha señalado como gesto de idolatría o de ritos supersticiosos.

Antonio no se para al centro de la mesa y le dice a su familia que está cambiando de religión, pero se los dice de muchas maneras. Poco a poco la brecha entre él y su familia se hará más grande.

La familia es posible que reaccione una vez que Antonio les informe que no irá más a los eventos religiosos acostumbrados. La familia en ese momento se pondrá autoritaria y le ordenará que vaya le guste o no; o bien atará cabos de todas las pequeñas señales y le pedirá a Antonio que diga la verdad que yace detrás de esta decisión, sólo para constatar lo sospechado. Antonio revela que se quiere cambiar de religión. El Papá estalla y le dice que eso nunca va a pasar. La hermana dice con desprecio “Se los dije”. La madre llora. Antonio se enfada y se encierra en su cuarto.

Durante todo este desenlace los principios de comunicación siguen funcionando. En la pequeña discusión en que se reveló la verdad de Antonio siguieron funcionando.
Todo comunicaba. Había canal digital (lo que se dijo), había canal analógico (Antonio con los brazos cruzados, dando portazos; la hermana con aire vencedor en la discusión; la mamá llevándose la mano al pecho y mirando a su marido esperando que éste hiciera algo; el Papá alzando la mano amenazando a Antonio, gritándole, con las venas marcadas). Sobre todo, se decidía quién era quien en la comunicación; Antonio proclamaba su independencia de creencias y su diferencia; la hermana quedaba como la suspicaz cazadora de Antonio; la madre quedaba como un miembro sensible que busca apoyo en su marido, y el Papá queda como figura represora.

Hemos decidido plantearlo así porque de esta manera queda muy claro que en estas etapas tempranas toda comunicación cuenta, no sólo la verbal (digital), sino la corporal también (analógica), y que las posiciones y alianzas también se establecen ahí.




Es probable que luego de esta pequeña discusión Antonio esté sentado sobre su cama pensando muchas cosas, tal vez recuerde que en la secta le dijeron que
“aceptar la nueva fe es un gran paso que exige de valentía porque con seguridad iba a recibir hostilidad luego de revelar su fe” acaso también piense que se le dijo que “la oposición a su nueva fe es obra del demonio que manipula aun a nuestros seres queridos con tal de hacer que el bien perezca y el mal prevalezca”. Repasa esas ideas, aprieta su Biblia con las manos y derrama una lágrima. Le sorprende descubrirse llorando y se promete no llorar más por esa gente. Se enfada y en su mente se tejen nuevas ideas. Siente aflicción porque ellos, al no cambiar de credo, están en manos de Satán. Tal vez la familia no lo entiende, pero él realmente lo está creyendo así; no lo hace por maldad, su preocupación es auténtica. Suspira triste porque Dios le esté poniendo estas pruebas, ignorando que no es Dios quien se las está poniendo, sino el grupo.

No importa, él cree que es Dios quien lo está probando, y es predecible que en la batalla entre Dios y su familia esta última no será la ganadora. En estas “nuevas ideas” están muy claros sus enemigos: su padre, por gritarle; su hermana, por acosarle y no confiar en él. Queda sólo su madre, ella no le atacó, pero tampoco lo defendió, así que aunque no es una enemiga todavía, su lealtad está a prueba hasta que revele de lado de quién está, si del lado de su padre y su hermana (y del demonio, según la secta), o del suyo. Antonio se arma de valor, su madre le implora que tienen que platicar. Antonio no hace caso, sale de la casa y busca consejo ahí donde seguro comprenderán todo lo que le pasa:
en la secta.

Estando en la sede de la secta le recibe un amigo de ahí, quien le tranquiliza, le dice que
a todos les ha pasado así, que es normal, que no se aflija, incluso le suelta una bonita metáfora que el líder repite cada vez que se acerca alguien triste por haber abandonado a su familia: “nacer duele”; le dicen a Antonio que algún día tenía qué pasar eso de que la familia se ponga muy loca porque no entienden que Dios tiene planes para él. Le invitan a orar. Al cabo de unas horas la familia ha perdido a un hijo y un hermano.

En este ejemplo, la comunicación tomó un lugar importantísimo. La moraleja parece ser: si hemos de recibir sugerencias y éstas tienen qué ver con la comunicación, lo saludable es ser congruentes entre lo que decimos y nuestras manifestaciones no verbales; y más aún, si las sugerencias proponen pautas de convivencia, lo cual nos lleva a ese siguiente paso en el que la comunicación determina quién es quién en la comunicación, lo ideal es entender que más que competir por un lugar en la familia, lo que se sigue es un propósito claro de redefinir y recolocar el lugar de todos los integrantes dentro del tablero familiar, y si para ello es necesario ser humilde, bienvenida sea la humildad.

El interés sincero en mejorar la comunicación será la diferencia entre simplemente actuar un cambio y vivirlo.




¿Cómo debe uno actuar? ¿Qué se recomienda?

Cada una de las sugerencias, más que ser un guión que se deba seguir a pie juntillas, es una propuesta de interacción, recursos que persiguen que la comunicación se mantenga al mejor nivel posible, donde la familia y el adepto puedan sentirse abiertos y en confianza de transmitir lo que piensan, lo que sienten, y que puedan interactuar con respeto.

Reiteramos nuestra recomendación de interesarse sinceramente en lo que ocurre, este interés sincero hará que el seguir cualquier sugerencia no sea un acto acartonado o falso. Recuerde que todo comunica, una frase amigable acompañada de signos corporales de hastío será contraproducente. No traicione su estilo, pero sepa que Usted es capaz de muchas cosas, incluso de acomodarse a las circunstancias y ceder. Sea paciente y humilde, se requiere de eso, pues mantener el contacto con nuestros seres queridos lo vale.

Las sugerencias que se citan a continuación no son de las llamadas preventivas. Preventivas son aquellas que pueden mantenerse con la persona antes de que entre al grupo; las que veremos aquí corresponden a comunicaciones que se dan con la persona una vez que ya entró al grupo, una vez que ya es adepto y no tiene mucho de haberse afiliado.

Contrario a lo que se piensa, esta etapa no es sencilla, porque, es en su etapa más tierna que el adepto se encuentra más apasionado respecto al grupo, pues vive una etapa que se ha equiparado a una luna de miel. Es una etapa difícil porque tiene mucho entusiasmo, pero todavía no se acostumbra a las dinámicas del grupo.

Hay especialistas que recomiendan no intervenir durante esta etapa, en
Counseling Humanista discrepamos de esta opinión porque el riesgo de daños severos es razón más que suficiente para que la familia haga aquello que esté en posibilidades para, cuando menos, garantizar que su ser querido estará en contacto con la familia.

1. MANTENER EL CONTACTO



Es importantísimo no llegar al grado de “romper” la comunicación.

Salvo en casos de sectas muy agresivas, los líderes de las sectas permiten la comunicación del adepto con sus familias en tanto no pretendan disuadirle de sus creencias o no le pidan que deje al grupo. Por decirlo así, las sectas son tolerantes con las familias si éstas no les representan una amenaza.

Es muy importante esto porque, si bien muchas sectas no son tan radicales como para incomunicar a un adepto de manera intempestiva, las hay que al verse amenazadas le proponen al adepto que cumpla alguna misión en alguna ciudad cercana, lo que implica que se pierde la posibilidad de comunicarse con él de manera regular.

Si bien la distancia o el encierro son bastante malos, hay otra forma de incomunicación que debe también preocuparnos: la barrera del enojo.

Debe entenderse que gran parte del interés de algunas sectas de hacer que los adeptos se peleen con sus familias se debe a que las diferencias de opinión o de creencias conforman una barrera de incomunicación que aunque el adepto viva a tres calles de nuestra casa en realidad no hay acceso a él.

Hay un dicho que dice que “el que se enoja… pierde” y refleja claramente lo que le pasa a la familia cuando se enoja. Las sectas tienen mecanismos en los que hacen creer al adepto que el enfado de la familia es una prueba innegable de que lo odian, que no le reconocen su derecho a existir, que no lo comprenden. Las sectas fomentan que el adepto sea irritante para la familia, si no se lo impiden, el plan está de su lado porque el adepto siente que va por el camino correcto y nada lo detiene, y si lo rechazan o presionan, la secta también gana porque ello será muestra de que la familia amenaza su “desarrollo” y debe ser abandonada.

A menudo las familias están seguras de tener la razón y están convencidos de que el adepto está en un error, ello les vuelve poco tolerantes respecto de las cosas que dice el adepto, las cuales son consideradas como disparates. La familia debe saber que de nada les sirve tener tanta razón si pierden a su ser querido. Por esto deben evitar sentencias en las que se le diga al adepto “no vuelvo a tocar este tema contigo”, “como contigo no se puede hablar, mejor no hablamos”, “estás cerrado y no entiendes nada de lo que te digo. Tú te cierras, yo también”.

Si la familia siente que la plática se está acalorando mucho, es preferible decir “¿Sabes? Necesito tiempo para procesar todo lo que me dices? Dejémoslo pendiente ¿Quieres?”, y ya hablarán luego. También se vale decir “¿Sabes? Siento que nos tensionamos menos cuando platicamos de otra cosa, ¿Por qué no hablamos mejor de otro tema?”.

Para muchas familias será mucho pedir que se les pida aquí cierta docilidad, sobre todo si están convencidos de que su ser querido está mal, pero ya habíamos adelantado que la ayuda sólo es ayuda si es útil, y he aquí que nada es más útil que mantener la comunicación. En primer término, porque la continuidad en la comunicación le da al adepto la sensación de que, con independencia de que crea lo que crea, sigue siendo parte de la familia y que sigue siendo importante para ellos, y segundo, las comunicaciones, por escasas que sean, llegan a constituir el único contacto del adepto con el mundo no sectario, y sin esta comunicación es probable que todas las comunicaciones que reciba estén manipuladas por la agrupación.

No sobra decir que hay que tomar precauciones prácticas como informar al adepto de cambios de dirección de la familia o teléfono; siempre debe haber un lugar a donde haga contacto. No dé por hecho que el adepto está siempre en la misma localidad que usted, cualquier llamada por cobrar acéptela.

2. BUSQUE PUNTOS EN COMÚN EN VEZ DE PUNTOS EN CONTRA



No nos cansaremos de insistir en el hecho de que ser confrontativo es la mejor manera de crear una barrera infranqueable entre el ser querido y la familia. Para muchas familias la tentación de poner en su lugar a la secta es inevitable, sin embargo debe mostrarse tolerancia (la merezca o no).

Una buena forma de que la comunicación subsista es buscar puntos en los que se esté de acuerdo. Si las pláticas giran en torno a críticas a la secta, o en discusiones teológicas o se inicia una batalla de filosofías, activaremos el pensamiento paranoico que las sectas a menudo inculcan a sus miembros. No hay nada peor que hacer girar las pláticas en torno a denuncias acerca de las sectas, de hecho debe evitarse el uso de palabras como “secta”, “manipulación”, “lavado de cerebro”, “abuso”, etc., pues aunque estas pudieran retratar la realidad, no ayudan al sostenimiento de la comunicación con el adepto.

Hay cosas que pueden ser temas de interés y que no constituyen provocaciones. Preguntarle a la persona qué hace, cómo se siente, etc. Hay que dejar a la persona que exprese sus sentimientos y sus ideas, y si hacemos preguntas, que sean preguntas que no sean tendenciosas y permitan al adepto cuestionarse cosas de manera libre. Este privilegio de pensar, por raro que nos parezca, es un lujo que la secta pudiera no permitirles.

Frases como “al margen de todo déjame te digo que te hemos extrañado” o “extraño aquellos domingos que teníamos”, no critican al grupo y sí muestran aspectos que tienen qué ver con la relación de la familia con el adepto. Hay que poner al tanto al adepto de los sucesos familiares que se vayan dando, no demos por hecho que no le interesan, la boda de una prima, el cumpleaños del abuelo, el cumpleaños del adepto, son cosas que pueden dar tema para plática. No hay que convertir esta plática en un chantaje, sino referir aspectos vitales que es conveniente que el adepto recuerde. El recuerdo es un excelente apoyo, y no censura.

A continuación pondremos un ejemplo de cómo estos tres eventos que sugerimos como parte de una plática pueden encararse de manera inadecuada o de manera adecuada, donde la manera adecuada apela al recuerdo y al sentido familiar, mientras que la inadecuada lleva chantajes implícitos que lejos de generar aprecio por la familia generarán rechazo.

EVENTOCOMUNICACIÓN INADECUADACOMUNICACIÓN ADECUADA
La boda de la prima.La iglesia estaba bellísima, lástima que te lo perdiste por tu empeño de hacerte el renegado. Nada más faltabas túNos la pasamos todos muy bien. Tu prima se veía muy feliz, y su novio también. Están muy enamorados. ¿Sabes que el suegro les regaló una casa para que hagan ahí su vida? El ramo le tocó a tu otra prima Nancy, y parecía feliz de creer que ella es la siguiente en casarse. Mira las fotos.
El cumpleaños del abuelo.A tu abuelo no lo tendremos aquí para siempre; ya que se haya ido vas a querer saludarlo pero ya no será posible. De perdido hubieras venido a saludarlo, aunque sea por cortesía. Tal parece que a esa secta a la que vas les gusta que sus creyentes sean unos irrespetuosos.Tu abuelo se veía feliz. Mira, en esta foto está con sus demás nietos. Preguntó por ti, le dijimos que estabas ocupado, hizo una mueca de las suyas y siguió con la fiesta. Ya lo conoces. ¿Te acuerdas de cuando se iban a pescar tu abuelo, tu primo Esteban y tu primo Carlos? Ya no tiene aquella agilidad, pero estaba orgulloso de vivir tantos años.
Cumpleaños del adepto.Hicimos un pastel. Contigo o sin ti celebramos. Algunos tíos te llevaron regalos, pero ya los abrirás cuando te dignes ir a la casa. ¿Quién iba a pensar que a tu cumpleaños el único que no asistiría serías tú?Me acordé mucho de ti el día de tu cumpleaños. Me acordé del día que naciste. Ese día hacía frío, pero yo ni lo sentía, tenía cosas más importantes en qué pensar. Ese día no nada más es un día feliz para ti, sino que para mí también. Cuando naciste todavía no sabíamos cómo te pondríamos, quisimos ponerte un nombre que reflejara nuestros sentimientos o que nos recordara a algún familiar que todos quisiesen. Fue así como te pusimos tu nombre. La vida cambia tanto. Mírate, vas a donde tu vida te lleva, a veces regresas, a veces no. Mira cómo has crecido desde aquel niño que chupaba pecho todo el día. Para mí ese fue un día muy feliz.

Que las pláticas giren en torno a las relaciones familiares es importante, pues las sectas con frecuencia pretenden desarticular los recuerdos de la persona y encajonarlos como algo que debe quedar en el pasado. Si se observa, en la “comunicación adecuada” se apela a los sentimientos que el adepto pudiera tener respecto de las situaciones, no se le está dando una monserga acerca de qué debe creer o sentir, sino que se deja que eche un vistazo a las distintas escenas, se deja que reconozca sentimientos comunes, momentos comunes que le recuerdan quién es.

Puede que no comparta la fe de la prima y considere la boda una farsa, pero no puede juzgar el hecho de que ella estaba feliz. Puede que la fiesta del abuelo le pareciera una tontería, pero recordar los días de pesca sí tiene que ver con él. Puede que su cumpleaños no sea nunca más una festividad para él, pero su nacimiento será siempre su nacimiento. Hay puntos comunes que la familia puede traer a tema que, en su familiaridad, cotidianeidad y humanidad, poseen la fuerza para recordarle al adepto que él es él mismo y que forma parte de la familia, recuerdos que la irritable psicología de la secta no puede distorsionar.

Conectar con el pasado del adepto es siempre importante.

El adepto a una secta destructiva deposita en el grupo grandes cantidades de confianza, y rara vez se pregunta cuál será su futuro en el grupo. A veces las sectas prometen la iluminación o un desarrollo espiritual y económico sin precedentes, logros que pese a su constante difusión no son para nada la realidad cotidiana de la mayoría de los adeptos. En ocasiones será adecuado preguntar por el futuro. El adepto supone (y supone bien, en la mayoría de los casos) que la familia lo quiere fuera del grupo lo más pronto posible, por ello preguntas que sugieren una idea contraria son desconcertantes para el adepto, por ejemplo preguntar sin sarcasmo ni burla:

  • “¿Cuántos años crees que te lleve a ti llegar a la iluminación? ¿Cuánto se tardó alguno de tus compañeros que ya lo logró? ¿Sabes? No comprendo muy bien cómo es alguien que ya lo ha conseguido, eso sí me da curiosidad”.


  • Veo que esto es importante para ti, aunque a veces no entiendo tu visión de todo. ¿Cómo crees que estés luego de cinco años en el grupo? ¿Cómo te miras a ti mismo?


  • ¿Cómo te gustaría que fueran las cosas durante los próximos tres años?


Hay que aclarar que la presente sugerencia pareciera exclusiva de una persona que vive en un centro de retiro, pero no es así; el “centro de retiro” puede ser la casa familiar del adepto, que como decíamos anteriormente, puede ser objeto de un aislamiento invisible hecho de las diferencias de creencias. Está en su casa de siempre, pero a la vez está muy lejos.

3. GUARDE UN ORDEN



Es muy común que cuando se enfrentan problemas con sectas destructivas la familia está tan desorientada que lo único que impera es el caos. Pareciera que pedirle a la familia que guarde orden es mucho pedir, pero lo cierto es que guardar un poco de orden puede ayudar mucho al entendimiento del problema y a su eventual atención.

Cuando decimos guardar orden nos referimos a llevar un registro, lo más minucioso posible, de los hechos.

A veces los datos han de reconstruirse. ¿Cuándo fue el primer contacto? ¿Cuándo notó la familia que algo pasaba? ¿Quién lo descubrió? ¿Qué indicios lo hicieron notar? ¿Qué se hizo al respecto? ¿En qué fecha dejó su empleo? ¿En qué fecha dejó su escuela? ¿Cuándo rompió con su pareja? ¿Vendió cosas? ¿A qué cursos asistió? ¿De qué grupo se trata? ¿En qué fechas le hemos enviado cartas? ¿Ha contestado? ¿Qué incidentes importantes han ocurrido? Es conveniente llevar en un cuaderno una memoria de esto.

Los mayores datos posibles serán de utilidad. Incluso, los adeptos se sorprenden durante el desarrollo de la ayuda especializada si se dan cuenta que la familia estaba más al pendiente de la situación de lo que él o ella imaginaba, sobre todo el registro de llamadas y correspondencia. Frases como “Te envié veintisiete cartas, y hasta te puedo decir en qué fechas” despiertan mucho la curiosidad del adepto, quien se comienza a preguntar por qué le entregaron sólo tres, o ninguna.

Debe tomarse en cuenta que muchos grupos son tan pequeños que no hay información de primera mano respecto de cómo operan, por ello no está de más tomar notas de vez en cuando. No frente al adepto, claro está. Ello permitirá conocer su jerga particular, los términos que usan en el grupo, detalles de cómo es la vida dentro de éste, etc. A veces el afán didáctico del adepto será una fuente de información, por ejemplo, si se trata de una secta bíblica, se le puede pedir que anote en un papel los pasajes que considera más importante que leamos, a efecto de revisarlos nosotros más tarde. Dependiendo de los pasajes podemos hacernos una idea de qué piensa, y familiarizarnos más con él y/o aquello que le interesa.

Si se está en ánimo y aptitud para ello, se puede abrir un expediente de la información que se tenga del grupo, identificar quién es el líder, la dirección donde operan en la localidad, etc. No se recomienda ahondar demasiado a este respecto, pues si bien hay que saber qué estamos enfrentando, el interés en el tema es uno: nuestro ser querido y nada más.

4. ENTIENDA LA SITUACIÓN



Demos por sentado que la familia ha entendido que algo está sucediendo. Con frecuencia las familias se sienten sumamente irritadas por el curso que van tomando las cosas, incluso su molestia se acrecienta dado que se sienten inmersas en una injusticia muy grande en la cual, según opinión de muchas familias, el adepto además de ser el causante de todo es visto como merecedor de consideraciones y atenciones especiales.

Dentro del enfoque de
Counseling Humanista, pensamos que no sólo al adepto le pasa algo, sino que la familia también atraviesa una situación difícil o atípica. Con frecuencia todas las consideraciones se dirigen al adepto y a la familia nada, y eso, repetimos, molesta. Hacemos esta aclaración para puntualizar que no es por falta de comprensión que recomendamos a la familia que sea ella la que guarde cierta compostura; es decir, no es que seamos insensibles respecto de que la familia también tiene sus sentimientos, sino que al hacer esta recomendación estamos apelando a un sentido estratégico y práctico de qué hacer en casos como éste.

Pedimos entereza a la familia porque sería un tanto infructuoso pedirla al adepto de una secta destructiva. Hay que entender que por lo general el adepto, sin importar si hay huellas evidentes de abuso y manipulación, cree que está bien y que no tiene por qué cambiar. En las sectas destructivas se fomenta una conciencia grupal donde el individuo ve diluida su personalidad propia y asume una nueva personalidad social, pasando a ser una parte del grupo. Sus intereses personales pasan a segundo plano y sólo aquello que interesa al grupo parece ser importante. Esto se nota porque corta lazos importantes de amistad, de pareja y familiares; alinea sus metas personales a las de su secta; reorienta el destino de su actividad económica dejando de hacer aquello que ofrece un crecimiento económico suyo y de su familia y empieza a aportar su dinero y propiedades a la secta. Todo eso nos da señales de algo: que la personalidad del adepto está siendo suplantada.

Cuando nos comunicamos con el adepto en verdad no nos estamos comunicando con aquella persona que conocíamos antes, sino con un producto de la secta, escucharemos de él frases trilladas, escucharemos la recitación de toda serie de referencias a las escrituras sagradas o frases hechas de su nueva creencia, usará frases que sólo tienen sentido dentro de su grupo, incluso a veces se referirá a nosotros con calificativos ofensivos o peyorativos que no comprenderemos bien, nos platicará de sus logros, mismos que a menudo nos parecerán insulsos, nos contará de sus actividades y cómo con ellas está cumpliendo una misión superior, guardará secretos importantes y eludirá cualquier tipo de plática que se aparte de sus temas ahora habituales, y cualquier crítica o juicio en contra de la secta o su líder, o sus creencias o sus prácticas, será considerado como un ataque.

Esta nueva personalidad suele ser muy crítica de todo lo que consideran que está mal en la sociedad o en la religión, contrastando con lo poco críticos que pueden ser con puntos polémicos de su grupo. Incluso si nos presenta a alguno de sus nuevos amigos del grupo, descubriremos que parecen un tanto clones, con ademanes parecidos, un acento parecido, un discurso y sonsonete parecido. Ya no será más aquel que conocíamos, y si se lo decimos ello le dará orgullo más que tristeza, porque fortalecerá su sentido de identidad con la secta.

Cuando recomendamos que seamos nosotros quienes entendamos la situación me refiero a que comprendamos que esta nueva manera de actuar obedece a cambios que, si bien el adepto ha decidido tomar, reflejan el parecer del grupo y no tanto de él.

Comprendiendo esto podemos esperar cualquier desplante o expresión rara sin remover todo nuestro estado emocional. Hay que considerar que en cierto modo es crueldad con uno mismo permitir que nuestro estado de ánimo fluctúe a capricho de lo que el adepto haga o deje de hacer, máxime que ni siquiera tenemos la certeza de que sea
él o ella quien esté actuando en realidad.

Un ejemplo, excesivo si cabe, sería el de una lluvia torrencial. La lluvia torrencial puede pasar por encima de una ciudad y hacer toda serie de destrozos. Por perjudicial que sea la lluvia, nadie pone en entredicho cuáles son sus razones para crear tanto desorden. Dudamos que alguien dedique demasiado tiempo en averiguar las negras intenciones de la lluvia o qué razones tuvo para estropear nuestro jardín. Sencillamente lo hizo. No tiene mucho objeto perder el tiempo creyendo que la lluvia tenía algún poder sobre sí misma.

Desde luego el adepto, a diferencia de la lluvia, sí tiene voluntad y capacidad de determinación; sin embargo, si la secta es muy manipuladora, negociar con el adepto o con la lluvia es más o menos lo mismo, no se rigen a sí mismos. Si bien el ejemplo es excesivo y admitiría una lluvia, pero de réplicas, se expone para fines meramente ejemplificativos con la intención de decir que en vano nos dejamos herir por lo que diga o haga el adepto, siendo que está fuera de sí y representa muchos elementos que no le son auténticos.

Volver a cero y entender que no le asiste un pleno control de sí mismo nos servirá para recibirlo con mayor apertura, viéndolo como una nueva persona con la que queremos tratar, inmunes en cierta medida a su desprecio o condescendencia (a menudo las sectas identifican al resto de la humanidad que no está dentro del grupo como una plaga, o un mal necesario, o una especie inferior o ignorante de las realidades importantes de la vida).

Lo anterior, contrario a lo que se puede pensar, no es un curso de cómo sacrificarse a uno mismo y soportar con humildad todo el castigo que el adepto quiera inflingirnos, sino que supone una postura práctica en la que podremos actuar con mayor objetividad.

Siendo que hemos tocado aquí la palabra objetividad, refiramos la definición que de ella da el teórico Floyd H. Allport, al decir que los vocablos “objetivo” y “objetividad” se usan a veces para significar un objeto o estado “real” o “verdadero”, en el sentido de que tal objeto o estado real podría ser entendido como tal con independencia de quién está observando ese objeto o ese estado. Por lo que concluye que
“la objetividad es el esfuerzo por reducir al mínimo la influencia de la actividad del observador sobre lo que se observa”.

Dicho más llanamente, la familia observa al adepto, pero está muy involucrada con el problema y su juicio difícilmente será objetivo. Así como el adepto puede ver enemigos y ataques donde no los hay; una familia puede ver sectas donde no las hay. Salirse un poquito del problema considerando que posiblemente muchas de las actitudes del adepto no le son auténticas ahorrará a la familia muchos corajes y tristezas, y le permitirá analizar las cosas más fríamente.

Es importante que las relaciones significativas del adepto formen un frente común y coincidan con el interés de la familia de mantener la comunicación con el adepto. Hay que tener presente que las amistades más cercanas del adepto no siempre son incondicionales de la familia (a veces hay parientes que tampoco coinciden con la familia en general), lo que se traduce en que muy a menudo estos amigos, aunque abortados como tales por el adepto, no se alíen con la familia debido a un extraño sentido de lealtad. A veces el ponerse de acuerdo con los amigos requiere el apoyo de ayuda de un profesional. Lo ideal es que familia y amigos estén en una misma frecuencia. Puede que los amigos no estén de acuerdo en ayudar a la familia para linchar a su amigo (o ex amigo), pero estén de acuerdo en colaborar si perciben que el acercamiento hacia su amigo (o ex amigo) es respetuoso.

Es más fácil llegar a un acuerdo si una de las partes hace el intento por actuar con objetividad. De lo contrario sería como intentar poner de acuerdo a dos lluvias torrenciales.

5. EVITE LA CONFRONTACIÓN



Por último, hay que entrenarse en el uso de lenguaje no confrontativo. La guerra no conviene a nadie, y menos a la familia, pues de alguna manera las sectas apuestan por que la guerra se haga para que el adepto corra a refugiarse en sus filas.

El lenguaje no confrontativo implica una carga estratégica importante. No podríamos enseñar el manejo del lenguaje no confrontativo como tal porque éste surge de la tolerancia como una postura ante la vida y de la confianza en que la ruta pacífica es la más efectiva para llegar a acuerdos.

Podríamos sin embargo adelantar que el lenguaje no confrontativo debe tener en mente lo siguiente:

  • Todo es útil, tanto lo que consideramos bueno como lo que consideramos malo.


  • No es relevante si uno queda como dócil, como humilde, o como sensible, siempre que todo ello sirva a un propósito importante y bien intencionado (amoroso, comprensivo, pacífico).


  • No prejuzga la realidad o el sentimiento que el otro nos expone, si nos dice que para él la realidad es como dice, o que se siente de tal forma, ello no se discute, sino que se hilvana la comunicación partiendo de eso.


Parece más complicado de lo que es. Para mostrarlo mejor lo dramatizaremos a través de una plática ficticia entre una madre y su hijo que se acaba de hacer adepto a un grupo destructivo. Diremos qué dijo cada uno, cuál era su postura corporal o su actitud, diremos cuál hubiera sido una comunicación recomendada (no confrontativa) y haremos una pequeña cita del trasfondo estratégico que descansa de cada intervención “acertada”.


Lo que se dijo

Actuitud o postura no verbal (entrelineas)

Comunicación efectiva recomendada

Razones estrátegicas para hacerlo

El hijo dice: Ya te he dicho que es un grupo de desarrollo humano

Comunicación no verbal del hijo: Lo dice como ausente, sólo repite el discurso que se le ha inculcado

Comunicación no verbal de la madre: Debe adoptarse una actitud corporal de “escucha”.

Una postura cruzada de brazos o cerrada no ayuda, es como si dijéramos, “no me interesa nada de lo que digas, he tomado mi decisión”. En verdad la actitud abierta no sólo debe ser una postura, sino un interés real, una curiosidad real de saber qué pasa.

Una “postura crítica” que no admite que el otro tiene su versión no es en verdad crítica, sino igual de acrítica que la de su interlocutor. A veces se piensa que uno está abierto y el adepto cerrado. A veces los dos están igualmente cerrados.

Un interés espontáneo y libre es siempre valioso. Tener una mente neutral ayuda.

La madre contesta: Pero entiende que es una secta. Te están lavando el cerebro, ¿Qué no lo ves?

Queda claro que la madre no escuchó lo que el hijo quería decir, y al dar una visión absolutamente contraria, rematada con aquello del lavado de cerebro, el hijo se siente descalificado, como si se le echara en cara que no puede valerse por sí mismo.

La madre pudo haber utilizado una comunicación que fomente el pensamiento crítico pero no confrontativo: Eso lo entiendo. Sólo que ya sabes que fui educada de otra manera y quizá necesito de mayores explicaciones. En mis tiempos el desarrollo humano se entendía como aquel en que las personas pueden disfrutar de todos los aspectos de su vida, sus amigos, sus novias, su familia, sus estudios, sus intereses, su trabajo, sin que nadie les diga qué hacer. Igual y me interesa que me digas más cómo funciona ese desarrollo humano, que supongo también ha de ser útil para mí, ¿Cierto?

Pareciera que la madre está siendo tonta e ingenua y que el hijo está conociendo cosas que son “más avanzadas”, más de “vanguardia espiritual”, que las que conoció la Mamá.

La estrategia dice otra cosa: La madre está invitando al hijo a que le entienda un poquito. Se amplía el abanico de aspectos vitales del hijo, esos que la secta quiere que sean cerrados, se le trae a la mente a la familia, amigos, diversiones.

La alusión a que el desarrollo humano implica disfrutar “…sin que nadie les diga qué hacer”, eso revierte a la secta la misma maniobra con que atosigan a los padres: la rebeldía. El mensaje oculto es cuestionar “¿O sea que ahí te dicen lo que tienes qué hacer?”, y posiblemente desate rebeldía ante la secta, considerándola una figura de autoridad que también puede cuestionarse.

La secta parte en dos la vida y coloca en una esquina al bien (o sea ellos) y en la otra al mal (el resto del mundo). Aquí es igual, parten el mundo en los padres “castrantes y represores”, en contraposición de ellos, que se ostentan como el resumen de “todas las libertades”. Con esa frase se coloca a la secta, cuando menos, como una atadura más, ya no como una respuesta de libertad a las “reglas rígidas de la sociedad”.

Las sectas presumen libertad, pero es lo que menos conceden a sus miembros.

El hijo responde:

Tú no me entiendes. Los principios que respaldan el conocimiento han sido demostrados científicamente. Tú siempre niegas todo lo que yo hago. ¡Siempre tienes la razón! ¡Siempre tienes la razón!

Aquí ya se cerró la comunicación. El hijo sigue defendiéndose con una barricada de ideas predispuestas por la secta. Luego generaliza un aspecto que sí tiene qué ver con la relación de la madre con el hijo, al hablar de que ella niega “todo” y que “siempre” tiene la razón”.

Comunicación no verbal de la madre:

Se recomienda que la madre al escuchar todo esto se mantenga conciente de la situación y no caiga en la tentación de estallar y responder de manera argumental, como si se tratara de una competencia.

Hay que recordar que mucho de lo que el adepto dice no le es auténtico, de tal manera que hay que escuchar y comprender eso.

Pareciera que la madre es demasiado dócil. En realidad esto constituye un movimiento estratégico fundamental.


Un estallido visceral o una pelea para defenderse traería como consecuencia que la comunicación se rompa.

Mantener la comunicación es fundamental.

Madre: Hay hijito, por qué tuviste que meterte a una secta como esas…

La madre sigue lamentándose. Reitera que es una secta, es decir, ni lo de “desarrollo humano” fue escuchado, ni lo de “científicamente”.

Los postulados de las sectas en su trampa tienen también su falla, hay veces que basta con escarbar a lo que se dice para que se derrumbe como castillo de naipes. En cambio, volverle la espalda a las explicaciones es como fortalecer la mentira.

La madre pudo comunicarse con una línea más conciliadora que evita que la plática se distraiga en evasivas: Créeme, no es mi intención que sientas que yo niego todo lo que tú haces, porque haces muchas cosas y yo estoy de acuerdo y seguido hasta estoy feliz con ellas. Quizá algunas no las entiendo, o me dan miedo, pero siempre hay cosas que tú haces por tu cuenta, y eso lo sabemos tú y yo.

Te repito, no es mi intención. No creo que estemos en desacuerdo en todo. Es cierto que lo que haces ahora me da mucha curiosidad, y ha de ser como tú dices, como no conozco bien los fundamentos de ese conocimiento que estás queriendo aprender, tal vez por eso tengo ideas equivocadas. En eso estoy de acuerdo, la ciencia siempre busca que la humanidad crezca, me gustaría que me mostraras algunos de esos estudios que han hecho, para estar mejor informada.

Estoy segura que existen esos fundamentos, no creo que te estén mintiendo. Seguro podrás compartírmelos muy pronto para ver si entiendo de qué se trata.

Pareciera que la mamá es débil emocionalmente, pero la estrategia dice otra cosa: en ella se desarticulan las totalidades, el siempre y el todo. No se le dice “no siempre niego todo” (los de la secta reirían como enanos ante esta paradoja en la que se dice que no se niega todo negando eso mismo), sino que se dice que hay cosas, muchas, en las que se ha estado de acuerdo.

Seguro a la mente del adepto vendrán esas imágenes en las que si se ha estado de acuerdo.

Cuando la mamá dice “eso lo sabemos tú y yo” forma equipo con su hijo.

La mamá escarba respetuosamente en busca de un fundamento científico que seguro no lo hay, y eso es algo que rompe la confianza del adepto en la secta. Pedirle al hijo que le demuestre algo de la secta apostando porque es cierto (“no creo que te estén mintiendo”) no contradice al adepto, pero le hace buscar algo que, de no encontrarlo, le retumbará en la cabeza como un fuerte “¡Te están mintiendo!”.

Véase como no es necesario acusar ni enjuiciar ni gritar para que el adepto traiga de vuelta su pensamiento crítico.

El hijo contesta: ¿De verdad quieres saber? Toda mi juventud me sentí solo, aprisionado.

Como el hijo no pudo zafarse con las ideas acartonadas de la ciencia y del desarrollo humano, entra en otra fase, la de capitalizar las nuevas ideas manipulativas en las que cualquier opinión contraria es represión, censura, que siempre van acompañadas por una indicación subterránea de que quien te ataca puede ser atacado.

Entonces se activa el plan de emergencia de las sectas: apelar a las emociones, y lanzar algo que duela y desubique al enemigo.

La manipulación nos convierte en eso, en el enemigo.

En el ejemplo, ni siquiera era el tema la soledad del muchacho, sin embargo, acusar a su madre y causarle dolor le hará distraer la plática que ya se estaba tornando demasiado crítica para el adepto.

Comunicación no verbal de la madre: Tal vez la postura ecuánime ante esto no sea ni posible ni conveniente.

Una postura desafiante que se vuelca en demostrar al hijo, a gritos, que no, que no estaba solo, que no, no estaba aprisionado, sólo abre una brecha.

El sentimiento puede ser de dolor ante esas palabras que hieren, y a veces acudir al sentimiento y definirlo apropiadamente es el camino más corto para aclarar las cosas.

Incluso si se llora, hay que ver que sean lágrimas útiles, no queremos decir con esto que se planeen, pero si que obedezcan a la verdadera causa que las arranca.

¿Se supone que uno no siente? Claro que siente. Se pueden humedecer los ojos, y ello es auténtico, no es actuado. Saber el trasfondo de lo que sentimos es siempre útil.

El que sintamos no quiere decir que dejemos de lado la convivencia estratégica. Hay que estar preparados para un eventual ataque emocional, pero firmes en el propósito.

La madre se justifica: Pero si siempre estuvimos al pendiente de ti, siempre tuviste a tus hermanos. Además, siempre pudiste ir a los paseos que quisiste.

Este tipo de comunicación en que se le dice “no es cierto que te sentiste como te sentiste” surge de la indignación y del dolor de haber recibido aquella confidencia en que el hijo suelta a quemarropa que estuvo solo y aprisionado.


Desde nuestra óptica no tiene mucho sentido demostrarle a alguien que no siente lo que dice que siente. Es más práctico actuar aceptando sus versiones.

La madre pudo haber contestado algo centrado en la relación actual que además abra dinámicas de comunicación: Me duele que me lo digas, pero más me duele pensar que te hayas sentido así todos estos años.

¿Cuándo te empezaste a sentir así de solo?

Cuéntame.

Tal vez no repare las cosas pero sí te pueda explicar que muchos de los momentos en que tú te sentías solo yo hacía otras cosas precisamente para ti y tus hermanos.

Si supieras el tiempo de mi pensamiento que ocupas tal vez sería más pequeño tu sentimiento de estar solo. Tal vez es momento de que hable con todos ustedes y si es preciso les pida una disculpa.

Pareciera que es indignante que la madre se tenga que disculpar siendo que el “insolente” es el hijo y la “manipuladora” es la secta. Suena sumiso, pero la estrategia, para variar, dice otra cosa:

La mamá propone una sesión de disculpas frente a los hermanos, lo que implica que ellos pueden espontáneamente decir cosas como, “yo siempre me sentí acompañada por mamá, ella siempre estaba, como cuando enfermaste” o decir “sí, si yo también me sentía solo, pero entiendo que mamá tenía que trabajar”. Lo importante es que muestran varios puntos de vista.

Las sectas globalizan y a base de silogismos hacen creer al adepto que el mundo es una basura, pero platicar con gente que vivió contigo puede traerte a la memoria que el mundo no era tan siniestro.

Esto de pasar de “blancos y negros” a “grises”, es un gran avance. Se utilizan los sentimientos auténticos, tales como el dolor, y se busca qué se puede hacer con él.

La mamá dice “¿Cuándo te empezaste a sentir solo?”, y con ello, otra vez, lo totalitario del grupo se corta en partes buenas y malas, y el pasado vuelve. El mensaje parece ser que si hubo un momento a partir del cual el hijo se empezó a sentir solo, entonces antes de ahí no se sentía así.

Incluso la alusión al pensamiento de la madre es algo que no puede demostrar, pues para negar que pensaste en él (el ejemplo es hijo varón) tendría que barajar situaciones, y eso ya es salir del esquema cerrado de la secta.

Son muy complejas estas comunicaciones, sobre todo porque implican un salto epistemológico, un salto en la visión de cómo se está encarando el problema. Tanto las posturas como la comunicación alternativa que se exponen reflejan muchas cosas.

Puede que un familiar se pregunte: “¿Yo debo ser dócil siendo que el grupo es una basura? ¿Yo debo pedir disculpas? ¿Yo debo aceptar responsabilidad en esto siendo que la secta es la malvada? ¿Yo debo de interesarme en disparates y estudiar cosas que sé que son una mentira?” Sí, sí, sí y sí. Cuando se hace todo ello atendiendo a una estrategia todo cambia. La estrategia ha de estar llena de humanidad y compasión. El entendimiento de que presumimos no es gran cosa si no somos capaces de hacerlo valer de manera pacífica y efectiva.

6. PIDA AYUDA SI ES NECESARIO



La ayuda especializada se asocia con la idea de tratamientos que involucran a familias y adeptos una vez que el adepto está muy involucrado en la secta, siendo los más célebres el deprogramming y el exit counseling. En este apartado hemos hablado del caso en el que el adepto recién acaba de ingresar a la secta y quizá no amerite un tratamiento tan complicado como los señalados antes. ¿Ello significa que no cabe aquí la ayuda especializada?

No necesariamente. Si el problema apenas comienza, la ayuda especializada atenderá esa situación en especial. Si se tiene la posibilidad de ponerse en contacto con la ayuda especializada cuando todo apenas comienza es un error no hacerlo. No sólo los costos de la ayuda serán menores, sino que se ahorrarán muchos dolores de cabeza y heridas emocionales.

Nuestra página ofrece información muy valiosa que le orienta sobre cómo identificar los indicios de un posible sectarismo e incluso da herramientas de comunicación y convivencia para prevenir la dependencia de las personas a grupos coercitivo persuasivos (sectas), pero no sustituye la atención personalizada, por lo que la utilización de la información contenida en este portal de Internet es responsabilidad de cada usuario.

Esperamos que toda la información que proporcionamos les sea de utilidad y les coloque en posibilidad de actuar de manera más informada.

Una última aclaración. Hay un trecho largo entre leer nuestra Sitio Web y contratar nuestros servicios. No obstante esta realidad, en Counseling Humanista tenemos además un compromiso social respecto de reducir los índices de dependencia de las personas a las sectas, por lo que no dude en ponerse en contacto con nosotros aun en el caso que estime que no es necesaria una intervención profesional, quizá solamente tiene una duda y podemos orientarle. Nuestro compromiso es contestar todos* los correos electrónicos que recibamos pidiendo apoyo, caso en el cual le será remitido un cuestionario que nos deje conocer datos mínimos del caso y nos permita llevar estadísticas de la problemática de sectas en México, y le contestaremos sus dudas (dudas solamente, no podemos recomendar estrategias sin conocimiento serio del caso) una vez que nos sea retornado el cuestionario.

(*) Por respeto a nuestro tiempo y a las personas que en verdad requieren ayuda debemos hacer la siguiente aclaración, al decir que responderemos “todos los correos” ello tiene una limitación: si del formato desprendemos que el cuestionario nos lo allega una secta o alguno de sus miembros que se sienta aludido (y ofendido) por nuestros contenidos o personas que sólo sienten curiosidad por nuestra labor, la contestación será general y su cuenta de correo será clasificada como correo no deseado por parte de Counseling Humanista, caso en el cual nos reservamos el derecho de no dar explicaciones de ello.

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